Ubicación: Jardín digital de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Espacio al aire libre donde los estudiantes realizan consultas digitales desde computadoras propias, rodeado de árboles y un edificio de tres pisos donde sólo hay salones de clase.
Escribimos esta entrada
un poco a manera de adivinanza. Esperamos que nuestras pistas sean suficientes
para recrear el sonido seleccionado. Los invitamos a descubrir qué es antes de
leer la respuesta.
Es melodioso. De todos
los sonidos del entorno, particularmente en éste se percibe con claridad la
escala de un tono musical enseguida del otro. El seguimiento es continuo, tanto
que el tono grave del comienzo se difumina con las notas siguientes hasta
convertirse en un agudo.
Complicado asegurar si
es rítmico. Es regular y recurrente, pero no así por ser provocado a
conciencia. Instinto, sí, a eso se debe. Casi simétrico, aunque los silencios a
veces se extienden más, o menos. Más bien podríamos decir que da idea de ritmo,
pero no lo es completamente porque no hay métrica constante que permita saber
exactamente en qué momento comienza o termina.
Entonces, con base a lo
anterior, nos atrevemos a decir que es constante, aunque no rítmico. No
podríamos decir con exactitud cada cuántos segundos o fragmentos de ellos se
repite, pero es innegable su cadencia. Desaparece por breves instantes.
Reaparece. A contratiempo de él entran otros sonidos que podríamos atribuir a
una fuente similar, pero no provienen de la seleccionada, eso es seguro. Son
similares, pero no iguales. Nuestro sonido es, a diferencia de ellos, vibrante,
menos agudo y, podríamos decir, rasposo.
Durante el tiempo de
escucha poco cambiaron sus atributos tonales. Si se modificaron, para nosotras
fue imperceptible. Hemos mencionado la varianza entre la duración de los silencios.
Cuando comienza de nuevo, lo hace a destiempo, rompiendo con el ritmo
anteriormente marcado.
Lo escuchamos con
claridad y poco se difumina con la resonancia de otras fuentes. Estamos cerca
de los árboles y el pasto. En otro lugar, por ejemplo, en los pasillos de la
facultad, nuestra melodía se pierde entre los murmullos, pero aquí no. Es
probable que pueda escucharse a tan alto volumen por la hora, pues el sonido
pasa a un primer plano sobre las voces, fotocopiadora a distancia cercana y
motores de auto en el estacionamiento. Conforme avanzan las horas, aumentan las
actividades y con ella los sonidos que, acumulados en una especie de masa, se
convierten en ruido.
Da idea de un amanecer
tranquilo. Imaginamos la naturaleza, nuestra fuente de sonido y canto integrada
a la imagen de un árbol. Tranquilidad. La situación es que no está aislado; los
murmullo de los pasillos, ubicados en tercer plano, voces, pasos, música,
contextualizan. Así, aunque nuestra elección da idea de lo natural,
comprendemos que no estamos en un bosque, por ejemplo, porque otros sonidos nos
llevan a ubicarnos en una escuela y no en otro sitio.
Es una armonía natural; por natural entendamos algo no provocado por una máquina. Se esconde tras las
hojas de los árboles y a su vez se complementa con ellas. No es que choque con lo
artificial, pero cuando se suma a ello da idea de una situación distinta, como
en este caso. De manera aislada lleva a pensar en árboles, pasto, flores;
todos resplandecientes y llenos de color y vida completamente necesarios, pues
son el alimento del canto que escuchamos.
Cuando
alguna persona sentada próxima a nosotras habla, o tose, nuestra elección pasa
a un segundo plano. De alguna manera siempre hemos sabido que está ahí, pero
pocas veces prestamos atención sobre todo a su constancia. Ahora sabemos que
las conversaciones lo ahogan, pero siempre está ahí, sólo hace falta prestarle atención.
Nuestro
sonido nos lleva a pensar en un ave, por la constancia y melodía; también
porque difícilmente una persona emitiría en repetidas ocasiones el mismo sonido
durante un período tan amplio;
evidentemente no es sonido de las cuerdas vocales humanas. Tampoco la alarma de algún automóvil, que, a diferencia
de las aves, es mecánico y su cadencia es exacta, un sonido tras otro entrando
a tiempos precisos. Finalmente, suponemos se trata de un pájaro más grande que
las avecillas grises que deambulan por la ciudad porque casi todas las de su
talla emiten un canto más agudo y dulzón.
¿Puede
encontrarse en otro lugar? Sí, indudablemente. Debido a que no sabemos con
precisión qué especie de ave era, no podríamos decir exactamente dónde, pues la
ubicación del animal depende por completo de las características de lugar y disponibilidad
para satisfacer sus necesidades. Donde el pajarillo encuentre refugio y,
podríamos pensar, cierta tranquilidad, emite su canto. De distintas especies
están en ambientes rurales y citadinos, pero cuando referimos “tranquilidad”,
queremos decir que difícilmente cantará con tal constancia en medio de un
tumulto de gente.
Lo
asociamos a memorias de nuestro pasado porque ya lo habíamos escuchado, sin
embargo, no lo atribuimos a alguna escena de nuestra vida en particular. Deja
en nosotras la siguiente reflexión: hay detalles aparentemente intrascendentes
que siempre están ahí, sólo falta prestarles atención. En el entorno hay
discretas melodías escondidas, descúbranlas; disfrútenlas. Siéntanse tranquilos
y relajados, concéntrense en el canto de las aves.
