domingo, 29 de septiembre de 2013
sábado, 14 de septiembre de 2013
10 preguntas a un oyente
Ubicación: Jardín digital de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Espacio al aire libre donde los estudiantes realizan consultas digitales desde computadoras propias, rodeado de árboles y un edificio de tres pisos donde sólo hay salones de clase.
Escribimos esta entrada
un poco a manera de adivinanza. Esperamos que nuestras pistas sean suficientes
para recrear el sonido seleccionado. Los invitamos a descubrir qué es antes de
leer la respuesta.
Es melodioso. De todos
los sonidos del entorno, particularmente en éste se percibe con claridad la
escala de un tono musical enseguida del otro. El seguimiento es continuo, tanto
que el tono grave del comienzo se difumina con las notas siguientes hasta
convertirse en un agudo.
Complicado asegurar si
es rítmico. Es regular y recurrente, pero no así por ser provocado a
conciencia. Instinto, sí, a eso se debe. Casi simétrico, aunque los silencios a
veces se extienden más, o menos. Más bien podríamos decir que da idea de ritmo,
pero no lo es completamente porque no hay métrica constante que permita saber
exactamente en qué momento comienza o termina.
Entonces, con base a lo
anterior, nos atrevemos a decir que es constante, aunque no rítmico. No
podríamos decir con exactitud cada cuántos segundos o fragmentos de ellos se
repite, pero es innegable su cadencia. Desaparece por breves instantes.
Reaparece. A contratiempo de él entran otros sonidos que podríamos atribuir a
una fuente similar, pero no provienen de la seleccionada, eso es seguro. Son
similares, pero no iguales. Nuestro sonido es, a diferencia de ellos, vibrante,
menos agudo y, podríamos decir, rasposo.
Durante el tiempo de
escucha poco cambiaron sus atributos tonales. Si se modificaron, para nosotras
fue imperceptible. Hemos mencionado la varianza entre la duración de los silencios.
Cuando comienza de nuevo, lo hace a destiempo, rompiendo con el ritmo
anteriormente marcado.
Lo escuchamos con
claridad y poco se difumina con la resonancia de otras fuentes. Estamos cerca
de los árboles y el pasto. En otro lugar, por ejemplo, en los pasillos de la
facultad, nuestra melodía se pierde entre los murmullos, pero aquí no. Es
probable que pueda escucharse a tan alto volumen por la hora, pues el sonido
pasa a un primer plano sobre las voces, fotocopiadora a distancia cercana y
motores de auto en el estacionamiento. Conforme avanzan las horas, aumentan las
actividades y con ella los sonidos que, acumulados en una especie de masa, se
convierten en ruido.
Da idea de un amanecer
tranquilo. Imaginamos la naturaleza, nuestra fuente de sonido y canto integrada
a la imagen de un árbol. Tranquilidad. La situación es que no está aislado; los
murmullo de los pasillos, ubicados en tercer plano, voces, pasos, música,
contextualizan. Así, aunque nuestra elección da idea de lo natural,
comprendemos que no estamos en un bosque, por ejemplo, porque otros sonidos nos
llevan a ubicarnos en una escuela y no en otro sitio.
Es una armonía natural; por natural entendamos algo no provocado por una máquina. Se esconde tras las
hojas de los árboles y a su vez se complementa con ellas. No es que choque con lo
artificial, pero cuando se suma a ello da idea de una situación distinta, como
en este caso. De manera aislada lleva a pensar en árboles, pasto, flores;
todos resplandecientes y llenos de color y vida completamente necesarios, pues
son el alimento del canto que escuchamos.
Cuando
alguna persona sentada próxima a nosotras habla, o tose, nuestra elección pasa
a un segundo plano. De alguna manera siempre hemos sabido que está ahí, pero
pocas veces prestamos atención sobre todo a su constancia. Ahora sabemos que
las conversaciones lo ahogan, pero siempre está ahí, sólo hace falta prestarle atención.
Nuestro
sonido nos lleva a pensar en un ave, por la constancia y melodía; también
porque difícilmente una persona emitiría en repetidas ocasiones el mismo sonido
durante un período tan amplio;
evidentemente no es sonido de las cuerdas vocales humanas. Tampoco la alarma de algún automóvil, que, a diferencia
de las aves, es mecánico y su cadencia es exacta, un sonido tras otro entrando
a tiempos precisos. Finalmente, suponemos se trata de un pájaro más grande que
las avecillas grises que deambulan por la ciudad porque casi todas las de su
talla emiten un canto más agudo y dulzón.
¿Puede
encontrarse en otro lugar? Sí, indudablemente. Debido a que no sabemos con
precisión qué especie de ave era, no podríamos decir exactamente dónde, pues la
ubicación del animal depende por completo de las características de lugar y disponibilidad
para satisfacer sus necesidades. Donde el pajarillo encuentre refugio y,
podríamos pensar, cierta tranquilidad, emite su canto. De distintas especies
están en ambientes rurales y citadinos, pero cuando referimos “tranquilidad”,
queremos decir que difícilmente cantará con tal constancia en medio de un
tumulto de gente.
Lo
asociamos a memorias de nuestro pasado porque ya lo habíamos escuchado, sin
embargo, no lo atribuimos a alguna escena de nuestra vida en particular. Deja
en nosotras la siguiente reflexión: hay detalles aparentemente intrascendentes
que siempre están ahí, sólo falta prestarles atención. En el entorno hay
discretas melodías escondidas, descúbranlas; disfrútenlas. Siéntanse tranquilos
y relajados, concéntrense en el canto de las aves.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Paseo sonoro por Las islas de Ciudad Universitaria.
“Ningún sonido concentra tanta perversidad y
malicia
en un volumen muy pequeño, como el zumbido del
mosquito”.
El sonido siempre está ahí. A veces parece inexistente porque pasa desapercibido, pero pueden estar seguros de su permanencia. La escucha atenta les llevará a percibir, asimilar y sentir las sutiles melodías y ritmos que la vida cotidiana le invita a decodificar. Por ahora esta es nuestra intención, ayudarlos a desmenuzar la complejidad sonora de un lugar, en este caso Las Islas, para comprenderla, al menos como nosotras lo hicimos.
Las
islas de Ciudad Universitaria son un punto de reunión para la comunidad
académica, principalmente de quienes laboran en las facultades del corredor
principal: Filosofía y Letras, Derecho y Economía. Dicha convergencia conlleva
una amplia gama de sonidos tan variada como los personajes reunidos en este
espacio.
Definir la sonoridad del sitio es complicado,
por la variedad. Cuando llegamos, alrededor de las 11:00 a.m de un día entre
semana, prevalecía el canto de las aves como una melodía constante. Pasaba del
primer al tercer plano dependiendo dónde nos posicionáramos. Al estar debajo de
los árboles era un inconfundible primer plano, pero conforme nos alejábamos,
otros sonidos ocupaban la prioridad auditiva.
Para
este paseo sonoro editamos el audio de tal manera que, sin modificar la melodía
y ritmos originales, colocamos en primer plano ciertos sonidos para dar
sensación de movilidad: cuando estuvimos cerca de las bicicletas, era mayor el
volumen de las campanas y cadenas; frente a la Facultad de Derecho, era
innegable el golpeteo de los tacones. Curioso este último caso, porque
comparativamente a los tennis,
resonaban más las zapatillas, además, se convierte en sonido característico
dado que en el tiempo de nuestra visita no encontramos una sola chica con
tacones en Filosofía y Letras, mientras en Derecho, la mayoría los usaba.
En
la campanilla de las bicicletas encontramos una chillante melodía repetida con
frecuencia casi igual en todos los casos. Aquí es interesante mencionar que
notamos la presencia de dos timbres usados por los ciclistas. Las aves repiten
constantes su canto, como si alguna noción rítmica y no solo el instinto las
llevara a hacerlo. El caminar de la gente también se repite en tiempos casi
iguales, pero al ser los tacones el tipo de calzado con mayor resonancia,
parecen marcar el ritmo de la vida académica de la Facultad de Derecho.
Si
bien, cada sitio tiene su propio concierto de sonoro, la acústica ambiental de Las islas se podría trasladar, quizá, al
Parque de Chapultepec, pues ahí podemos escuchar los mismos sonidos naturales. También hay gran flujo de personas, bicicletas y helicópteros volando que igualmente
corresponderían. Se diferencian en que en Chapultepec hay gran variedad de comercios ambulantes y entre los murmullos hay más voces de niños. Hay sonidos que son invariables y se muestran en cualquier universidad, pero en el presente ejemplo, se mezclan con sonidos de la naturaleza, además, la matrícula es mayor, lo cual afecta en las características del sonido.
Los
invitamos, universitarios, a nuestro paseo sonoro por Las islas. El lugar les será conocido, es un paso casi
obligado, al menos esporádicamente, para todo estudiante de Ciudad
Universitaria, pero, ¿has escuchado sus sonidos? Comenzamos la ruta en la Biblioteca Central; al seguir
nuestro camino nos encontramos con la resonancia de los árboles y las aves, cuya
experiencia acústica fue relajante; después con el sonido de las bicicletas,
seguidos por los murmullos de la Facultad de Filosofía y con la acústica
propia de la Facultad de Derecho que va desde los tacones hasta los sonidos que
se producen al bolear los zapatos; finalizamos con las pláticas en las
jardineras y el hermoso canto de los pájaros.
Sería
interesante comparar percepciones, ¿habían sentido alguna vez las nociones
rítmicas que les platicamos?, ¿qué te pareció nuestro paseo? Esperamos les
guste.
*Paseo
Sonoro grabado con Easy Voice Recorder (16000 Hz 16-bit PCM mono).
domingo, 25 de agosto de 2013
¡Bienvenido!
Bienvenido a nuestro blog dedicado a presentar trabajos que conjugan una narrativa pictórica y sonora.
Las integrantes del equipo somos:
Ghali Corona Ortiz
Nayelli Jocelyn Díaz García
Ana Sofía Fuentes Carranza
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